¿Qué diablos hace un editor?

 Las grandes obras de arte nos atraviesan como grandes ráfagas que abren las puertas de la percepción y arremeten contra la arquitectura de nuestras creencias con sus poderes transformadores. Tratamos de registrar sus embates y de adaptar la casa sacudida al nuevo orden. Cierto primario instinto de comunión nos impele a transmitir a otros la calidad y la fuerza de nuestra experiencia y desearíamos convencerlos de que se abrieran a ella.” -Rudolf Steiner

Emocionada por la respuesta ante el lanzamiento de este blog, no puedo sino postear lo antes posible la siguiente entrada y creo que este segundo post tendría que ser un intento por describir lo que aquí hacemos… Pero es tan difícil definir la labor del editor que quise iniciarlo con  las extraordinarias palabras de Rudolf Steiner, el famoso filósofo austriaco, para hablar sobre nuestra reacción ante las grandes obras de arte -las obras literarias incluidas.

A partir de estas palabras, puedo decir que trabajar como editor es hacerse cargo de esas grandes ráfagas que nos conmocionan permanentemente. Es sentir la emoción por un texto, por una historia, por un personaje y sentir empatía con los otros lectores (no somos sino uno más), con la emoción que podría causarles, con las posibilidades que podrían generarse. Porque a nosotros, los editores, algo nos impele a compartir con los demás aquello que nos interesa, que nos toca, que nos transforma. Sí, hay que decirlo, tenemos una naturaleza generosa, y eso en este mundo no es ni poco, ni fácil. ¡Yo definitivamente lo celebro!

Pero a pesar de estas extraordinarias palabras de Steiner, definir la labor del editor (mi queridísimo autor José Luis Trueba sugiere que es como el trabajo de una partera)  yo me atrevo aquí a compartir una visión más expandida del editor contemporáneo, a manera de provocación, de continuar con el cuestionamiento, de avanzar mi propia práctica:

Un editor (actual), propongo, es  alguien que:

  • se maravilla del mundo en el que vive
  • busca, identifica y goza de los #wows que se presentan a su paso (pienso en contenidos, pero uso el hashtag y el anglicismo como indicador de nuevas posibilidades)
  • da sentido, da forma y comparte estos #wows -reinterpretados-con el mundo
  • lo hace desde distintas plataformas, a través de distintos lenguajes y con un entendimiento profundo de lo estético, lo sensible y lo mercantil
  • no olvida la palabra escrita como fuente inagotable de encuentro y diálogo

Y es que, hay que considerar que cada vez los editores somos más editores de contenidos que de libros, como tales, si pensamos en cómo se ha estado transformando la industria en tiempos recientes. Y no es nada para asustarse, porque seguimos y seguiremos lidiando con narrativas extraordinarias, con libros maravillosos, con versiones electrónicas o audio-visuales posibilitadoras. Porque es un hecho que nacemos, vivimos, contándonos historias. Porque no somos lo que somos, sino que somos la historia que nos contamos de quiénes somos. Y también porque tenemos la necesidad de escuchar lo que dicen los demás. Queremos siempre, siempre, escuchar el cuento.  La mejor versión de ese cuento, del sin número de cuentos, en el sin número de lenguajes en que se nos cuenta. ¡Ah, la de posibilidades que eso nos plantea!

Y así, nuestra labor es dar un poco de orden al caos que reina allá afuera, y de lograr entender algo al respecto, de compartir lo maravilloso, ese #wow del que hablábamos. Y eso, por supuesto,  no es cosa fácil, ni poca cosa. Pero sí que es gozoso. Y es un gran reto.

Porque la lectura no es un placer sencillo. Y a los lectores los seducen todo tipo de estímulos, mucho más gratuitos, menos demandantes, ustedes me dirán si no. Y tenemos que luchar con ciertos retos fundamentales de tiempo, de espacio, de empatía, de formato. Y aquí podría extenderme pero creo que está claro que los desafíos y retos inmediatos para el libro y la industria editorial  no se basan solo en el desarrollo de nuevas tecnologías y en la creación o fortalecimiento de estructuras digitales, sino en la búsqueda de la convivencia entre los mundos antiguo y emergente, en conciliar las demandas del mercado y la apuesta por contenidos atemporales, fundamentales, por entablar una verdadera conversación con los lectores, por encontrar los mejores canales de comunicación y distribución de estos contenidos, por acercarlos al lector desde distintas trincheras, por encontrar los temas significativos, los nuevos lenguajes, las nuevas historias, las reales, las ficticias, las que nos permiten comprender la realidad, las que se esconden más allá del papel…

Hay que ser audaces y explorar y ver más allá y sí, el panorama electrónico y trans-media me emocionan tremendamente, aunque realmente concuerde con uno de mis autores favoritos el gran David Toscana quien ha escrito: “Los libros electrónicos son prácticos, pero sólo nos dan el texto. Imposible encontrarse entre sus páginas a un viejo amor, aquella fotografía, un recado, un billete, un garabato, una flor o el teléfono de Sofía.”

Ya me extendí demasiado pero espero que haya abierto una ventana, aunque pequeña, a lo que hacemos o intentamos hacer a diario por aquí. ¿Ustedes qué opinan? ¿Me acerqué o me alejé terriblemente de lo que piensan que tendría que ser nuestra chamba?

Muchas gracias, nuevamente, por acompañarme en este blog y por permitirme compartir estos #wows contigo.

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P.D. Como la edición es un proceso de revisión permanente estoy considerando modificar el nombre de este blog, ampliarlo, para Mashup Editorial porque recién ayer pensé que este espacio será eso: un mashup. Dulce pero igualmente campechaneado.